Yolanda Fernández Dice

domingo, abril 20, 2008

CÓMPLICE INOCENTE

Cuando lo vio llegar, lo reconoció de inmediato.
Él la buscaba entre la gente y el ruido, ella jugó a no dejarse ver.

Había cambiado, ya no era delgado; ella tampoco.
Había envejecido y tenía muchas canas, ella también.
Pero lucía muy bien con su traje azul sin corbata...
... ella lo miró con pícara intención .

Se acercó y sellaron ese encuentro con un largo y fuerte abrazo.
Salvador, liberador, protector... un abrazo redentor.
Había pasado mucho tiempo, muchos años sin verse, pero eran los mismos: ilusos, esperanzados, desinteresados, afectuosos, amigos. Muy amigos en la confianza de la solidaridad, muy amigos con el alma comprimida y las ilusiones truncadas... muy amigos.

Desde entonces, se buscan por los vericuetos de la vida
y se reúnen en silencio en los rincones del ayer.

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